Año 2 - Nº 7 - Diciembre 2004


DE TORQUEMADA, UN POQUITO A LA DERECHA

por Gustavo Heredia (1)

Ni aún después de jubilado, el ex obispo de San Luis Juan Rodolfo Laise, deja de suscitar polémica entre los puntanos (2). La última ha sido a mediados del mes de noviembre de 2004, cuando fotos suyas fueron descubiertas en una página web de extrema derecha, mezcladas con fotos de jóvenes con el brazo levantado, haciendo el saludo nazi. Su nombre había vuelto a la palestra gracias a los dichos de Jorge "El Gallego" Nadal, que en la conferencia de prensa brindada en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo -cuando recuperó a su hijo desaparecido hace 30 años- sostuvo que "los puntanos no debemos olvidar quién fue el Obispo Laise, uno de los personajes más siniestros de la dictadura militar y uno de sus más fervientes personeros, que había puesto un cartel en la Catedral diciendo que no recibía a familiares de desaparecidos, y que en una misa sucedida en la penitenciaria provincial, ente un grupos de presos políticos dijo que lo mejor era arrancarles el alma".

Compañero de estudios de Carlos Menem y monje capuchino, Laise llegó a Obispo debido a la cercanía que mantenía con el Obispo de San Juan y por cuya gestión recaló en San Luis, para asistir en sus tareas y luego reemplazar a Carlos María Caferatta, afectado por un cáncer terminal. Los puntanos habían tomado cariño a Caferatta, y hoy lo recuerdan gratamente como a un ser humano excepcional. Del mismo cuño que los Obispos Hesayne, Angeleli y De Nevares, Carlos María Caferatta era un ferviente defensor de ese verdadero terremoto ideológico que significó el Concilio Vaticano Segundo y había armado la diócesis de San Luis en función de los valores promovidos por éste. Laise tenía otros planes y, en principio, vino a asistir al Obispo enfermo, aunque con el progresivo avance de la enfermedad en poco tiempo quedó definitivamente a cargo.

Ultramontano

El Concilio Vaticano Segundo, promovido por Juan XXIII, provocó el pánico de los sectores ultamontanos de la Iglesia, puesto que los dejaba sin su principal fundamento: la interpretación de la liturgia (hasta entonces obligatoriamente en latín) y los dejaba al descubierto en cuanto a las interpretaciones caprichosas del evangelio que a lo largo de la historia han dado lugar a todo tipo de atrocidades. Algunos años después de promulgado el Concilio, el Obispo suizo Marcel Lefebre rompía con la estructura oficial de la Iglesia e inmediatamente era excomulgado. Juan Rodolfo Laise conservaría sus simpatías por los sectores más reaccionarios del catolicismo a tal punto que el seminario de formación sacerdotal de El Volcán mantendría incólume la doctrina de enseñanza, como si el Concilio nunca hubiera ocurrido.

Tiempos violentos

Corría 1970 y comenzaba la peor década de nuestra historia reciente. Desde el principio de su obispado , Laise nunca ocultó esencia y pretensiones y, ni bien llegó, se deshizo de todos los curas postconciliares, reemplazándolos por los más recalcitrantes que pudo hallar. Incluso dispuso la expulsión de una congregación de monjes Jesuitas, por entonces instalados en la localidad de Carolina, a quienes les confiscó la propiedad y les quemó la biblioteca. Drástico, como siempre, Laise cambió el estilo de Ceferatta a tal extremo que prácticamente militarizó los principales edificios eclesiásticos con custodios armados y tiradores expertos, incluso su secretario personal es recordado con una pistola 45 en la cintura. Laise se movía a sus anchas y llegada la dictadura transformaría a la iglesia de San Luis en un Estado paralelo, que no sólo aconsejaba sino que también exigía.

La recién creada Universidad Nacional de San Luis era un bocado apetecido por el recién llegado que, con el golpe del 76 , pronto conseguiría sembrar el temor en sus claustros y, no conforme con las medidas tomadas por el primer interventor, le exigiría la expulsión de una extensa lista negra de docentes, no docentes y alumnos. Enrique Muñoz, ex integrante de la APDH, recuerda que "estabamos en una reunión con el primer interventor de la Universidad, un Vice Comodoro de apellido Fernández, habíamos ido a pedir que reconsiderara la expulsión del docente Gabriel Rojas Campos, en eso suena el teléfono y este hombre se pone muy nervioso. La charla telefónica duró un rato, con nosotros ahí, y al final el tipo sufrió una especie de lo que yo llamaría una crisis histérica y nos dijo que era el Obispo exigiendo el despido de un montón de gente".
Con la dictadura, Laise consiguió un poder considerable dentro de la Universidad y todavía es recordado por las tediosas charlas de adoctrinamiento a las que sometía a estudiantes universitarios y también de la Escuela Normal, a cuyas aulas acudía secundado por Hugo Fourcade y por Víctor Hugo Saá, y de las que previamente obligaba a salir a los fieles de otras religiones y a los que consideraba ateos.

Polémico y temible

Laise siempre estuvo señalado por su autoritarismo un tanto extravagante, y además por su simpatía por el dinero y la buena vida. Amante de los autos lujosos fue cuestionado en varias oportunidades por el continuo cambio de rodados y por la frivolidad de su comportamiento, pero el peor cuestionamiento que recibió fue por una supuesta corrupción de menores, denuncia que por cierto nunca llegó a ninguna parte y de la que difícilmente juez alguno hubiera osado hacerse cargo.

Obispo misericordioso

Con la llegada de la democracia y fiel a su estilo, trabó contactos con Adolfo Rodríguez Saá , a quien salvó de una catástrofe política en 1993, luego de aquel patético secuestro. Todavía hoy se recuerda la imagen de Adolfo Rodríguez Saá, hincado de rodillas en la parroquia de Guadalupe, con un ojo morado, en medio de la misa que luego derivaría en una marcha popular hasta Casa de Gobierno, en la que varios cronistas de medios de comunicación porteños fueron golpeados. La "misa del perdón" en la que el Obispo Laise indultó el traspié de Adolfo con la "Turca" Sesín, fue realizada en el barrio Amppya, situado en la periferia de la Ciudad Capital y muy lejos de los fastos de la Iglesia Catedral, porque un grupo de señoras de Acción Católica se opuso de modo terminante a que el Obispo usara la Catedral para un fin semejante. Paradójicamente, poco tiempo después, una de ellas moría de un infarto en la puerta misma de la Catedral.

Los contribuyentes de San Luis pagarían caro aquel oportuno e inestimable servicio, puesto que, a partir de entonces, sería incesante la sangría de subsidios y construcciones a las que se vería obligado Adolfo Rodríguez Saá, en pago del favor aludido. Quienes vivieron de cerca la época aseguran que la suma total erogada por el Estado para satisfacer los principescos caprichos del prelado superan los 7 millones de pesos , sin contar las exenciones impositivas.
Con mas poder que antes, Monseñor protagonizaría poco tiempo después un hecho altamente grotesco como cuando, a mediados de la década del 70, pretendió excomulgar a los miembros del diario La Opinión por publicar una carta de lectores que criticaba un sermón suyo, y a decir del periodista Sócrates Cortínez "excomulgaría hasta los que pasaran por la vereda". La víctima esta vez sería el profesor Roberto "Tato" Iglesias quien, a cargo de la cátedra de sociología, recibiría toda la virulencia del medieval Obispo. "Recuerdo que era una clase en el microcine, y que como parte de ella los chicos hacían una representación casi teatral de un determinado tema. Esta vez era el postmodernismo y uno de ellos había llevado una cruz hecha con dos palitos y en una parte de la clase la tiraba al piso, y aunque los palitos no estaban ni siquiera benditos, esto bastó para que tres chicas, que estaban en el fondo de la clase, le llevaran el chisme a Laise y este iniciara una de las campañas más feroces en mi contra que yo recuerde. Fue un mes entero de títulos catástrofe en los diarios, de repudios de los diputados (en particular recuerdo al diputado José Mirábile) y también de los concejales de entonces. Fue un perfecto acto digno de la Inquisición", recuerda Tato Iglesias.

Vil metal

Poco tiempo antes del escandaloso secuestro a Adolfo Rodríguez Saá, Laise había ayudado a un ex chofer del obispado a conseguir un crédito en la filial italiana de un banco alemán, por 20 millones de dólares que nunca pagó. Se iniciaba así el Caso Espartaco, uno de los escándalos que tendrían a mal traer al Gobierno Provincial y al Obispo, puesto que ambos quedaban mal parados y sospechados de corrupción. Miguel Angel Lucero, el chofer en cuestión, le había prometido la construcción de una parroquia a Laise a cambio de las gestiones en Italia y se sospecha que sobornó a funcionarios provinciales para conseguir los avales necesarios. Lucero ni bien cobró se esfumo, la iglesia quedó sin construir y el crédito sin pagar.

Pasado el susto del secuestro y harto de los delirantes requerimientos obispales, Adolfo Rodríguez Saá comenzó a cerrar de a poco el grifo de los subsidios y la relación bruscamente se tensó. Comenzaba así una guerra que aún persiste (con otros actores, por cierto) y que de a poco se trasladaría al plano electoral, con el apoyo concreto del clero al sector conducido por el fallecido ex intendente Carlos Ponce. Desde el inicio del conflicto, Laise intentó mostrar que la pelea era de carácter ideológico, una especie de lucha entre el bien y el mal, centrada principalmente en el papel desempeñado por el hoy Gobernador Alberto Rodríguez Saá, que con la torpeza que lo caracteriza, había embestido contra el catolicismo subestimando ostensiblemente el poder de éste. Pero la contienda tuvo un capítulo inesperado de mutuas extorsiones, cuando afines del 2000 apareció un cheque por 40 mil pesos, emitido sin fondos por el clero puntano, como pago por la construcción de una parroquia. Lo extraño del caso es que el cheque originalmente tenía como destinataria a la empresa Hugo Diez Construcciones, pero un año después aparecía en manos de Alberto Rodríguez Saá que, a través de los medios de comunicación de su propiedad, exponía el caso como un evidente acto reñido con la ética católica.
Un tiempito antes, a mediados del 99, el gobierno había comenzado a minar el poder de Laise cuando luego del reclamo de los colegios católicos por la disminución en los subsidios, el hoy opositor Héctor Torino, entonces ministro de Educación, les respondió que el descuento se hacia porque Laise había ordenado al Gobierno retener el diezmo a las partidas. Aparentemente la decisión fue tomada por el polémico Obispo debido a una merma en el aporte de los fieles, que colocaba a la curia en problemas para sostener su estándar de vida. Al poco tiempo del escándalo por el cheque volador, Laise se retiraba y era reemplazado por Jorge Lona, obispo actual.

"No se cómo llegaron las fotos ahí"

Después de algún tiempo sin noticias suyas, promediando el mes de noviembre de 2004, aparecieron dos fotos del ex obispo en la página de una agrupación neo nazi española, que reivindica el Rito Trentino del cual Laise es un ferviente practicante. Según declaraciones de Marcelo Shortrede, abogado del Obispado local, " El Rito Trentino no está prohibido ni mucho menos, la misa se da en latín y de espaldas a la feligresía, es el rito de San Pío V y se practicó como ritual obligatorio en todo el mundo desde el año 1500 hasta el Concilio Vaticano Segundo'. Consultado sobre el carácter nazi del sitio web, Shortrede respondió que "Sí, es evidentemente un sitio filo nazi, a juzgar por el brazo levantado..., lo que pasa es que ellos levantan noticias de todos lados y ésta puede haberles resultado simpática por las características de la misa. Estoy seguro que Monseñor no sabe que fotos suyas fueron a parar a esa página, y yo la verdad no se como llegaron ahí". Luego de que se diera a conocer la existencia de las fotos en la web, esa parte del sitio sospechosamente quedó fuera de servicio y se accedía a ella tecleando en el buscador Google las palabras "obispo laise primo de rivera", aunque todavía es posible acceder a la página principal cuya dirección es www.stv.es/USERS/aje.


1.Periodista. Egresado de la carrera de Comunicación Social.

2. Gentilicio que designa a los habitantes de la ciudad de San Luis, Argentina .